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Inicio | “El maestro y su emisario. El cerebro dividido y la conformación del mundo occidental de Iain McGilchrist”*  Reseña de Susana Kahane**

“El maestro y su emisario. El cerebro dividido y la conformación del mundo occidental de Iain McGilchrist”*  Reseña de Susana Kahane**

El libro está dividido en dos partes: la primera desarrolla una extensa investigación sobre los hemisferios, proponiendo un modelo fenomenológico y descriptivo del cerebro, en busca de una herramienta que nos descubra cómo pensamos y actuamos, cómo nos vemos a nosotros mismos, cómo nos relacionamos con otros, incluso con el planeta. En esta búsqueda el autor ha hecho un viaje interdisciplinar navegando entre la neurología, la psicología, la filosofía y las artes; la segunda parte  se centra en buscar las diferencias entre el aprovechamiento potencial de nuestro dividido cerebro en distintas épocas del pasado en un intento de enlazar, filosóficamente, la ciencia del cerebro con la historia de las ideas. Apoyándose en Descartes, Heidegger, Kant, Schopenhauer, Scheler y otros, cita también  a Freud en El malestar en la cultura diciendo: “El propio Freud, aunque sabía que el entendimiento racional, que él llamaba “proceso secundario”, nunca podría sustituir al “proceso primario” del inconsciente, llegó a creer que a lo largo de la historia humana la razón había invadido el territorio del instinto y la intuición” (p.348).

Nuestro cerebro – así como en los mamíferos y las aves -. consta de dos hemisferios con diferencias entre sí tanto anatómicas como neuropsicológicas, fisiológicas y químicas entre otras. El izquierdo, pragmático, prudente, es el del habla; probablemente por esta razón se pensó durante mucho tiempo que era verdaderamente el más importante.  En realidad enfrenta aspectos del lenguaje que permiten hacer explícito un significado. El hemisferio derecho, impulsivo, regido por la imaginación, usando símbolos e imágenes, es el necesario para los significados implícitos del lenguaje, la narrativa, la metáfora. Ambos están en pugna y a la vez trabajan conjuntamente en mutua dependencia. “La estructura del cerebro refleja su historia: es un sistema dinámico en evolución donde una parte evoluciona a partir de otra y como respuesta a otra” (p.52).

La investigación neurológica se ha dirigido a entender la relación que mantienen entre sí, cómo ambos hemisferios contribuyen a enriquecer la experiencia. En palabras de Mc Gilchrist: ”El hemisferio derecho tiende a sostener la experiencia, mientras que el izquierdo trabaja con ella para esclarecer, “descifrar” y en general transformar lo implícito en explícito y, por último, el hemisferio derecho reconstruye lo que ha producido el hemisferio izquierdo con su propio entendimiento, repliega una vez más lo explícito y genera un todo nuevo y enriquecido” (p.35). Es en este sentido la metáfora de que se vale el autor para el título de su libro: el Maestro experiencia, y el Emisario efectúa las tareas e informa. Hay un trabajo conjunto, es un devenir, un proceso, una interactuación a pesar de que parecería que trabajan en direcciones opuestas.

El hemisferio derecho se encarga de una atención amplia y flexible, percibe las cosas como un todo, capta el humor, tiene capacidad de empatía, mientras el izquierdo proporciona la atención focalizada y ve las cosas divididas en partes y descontextualizadas, entiende al pie de la letra, siempre centrado en la utilidad. Entre ellos se encuentra el cuerpo calloso, con doble función, de transmisión y también de inhibición.

Estos hemisferios, aparentemente muy coordinados, luchan entre sí. Y esto es visible en las diferencias individuales. El hemisferio izquierdo tiende a desmenuzar y repetir, basándose en lo sabido. El derecho, en cambio, observa lo global, lo total, sin tener en cuenta los detalles. La incompatibilidad entre ellos es solo aparente: no es que se complementen, sino que consiguen la emergencia de algo nuevo, en una síntesis dialéctica.

Esta clara diferenciación que propone el autor nos remite a Freud y a la “Interpretación de los sueños” donde plantea dos procesos diferenciados, dos modos diferentes de funcionamiento psíquico:  proceso primario, regido por la lógica del inconsciente y proceso secundario, regido por el principio de realidad.

En el cerebro no hay piezas. Hay redes. El hemisferio derecho capta la visión periférica, las experiencias nuevas, comprende las metáforas. El hemisferio izquierdo prefiere lo que ya conoce, prioriza lo esperable, sigue un proceso predictivo. O sea que el cerebro presta atención al mundo de dos maneras completamente diferentes: una forma experimental del mundo vivo y otra re-presentada, basada en lo ya conocido, con unidades fragmentadas, agrupadas en clases, lo que permite hacer predicciones.

En su texto sobre lo reprimido, Freud  se lamentaba de “nuestra total ignorancia sobre la naturaleza dinámica de los procesos anímicos”[1]. Y en el prólogo al libro de Berenheim, sobre la sugestión y la hipnosis, se pregunta “si las alteraciones de la excitabilidad en la hipnosis afectan siempre al ámbito de la corteza cerebral solamente”[2]. Investigando sobre las afasias[3] dice que “requeriría …un estudio más ceñido del deslinde entre los abordajes fisiológico y psicológico” y en su trabajo sobre la formación del sueño se pregunta : “,,,en cuál de estos sistemas (Icc, Prec, Cc.) situamos el envión para la formación del sueño?”[4], en tanto la fuerza impulsora para formar el mismo parte del Icc, cargada del deseo onírico, mientras que la excitación pasará al Prec. para abrirse paso a la conciencia. Ese devenir, ese pasaje que enriquece, según McGilbrich, Freud lo expresa con estas palabras: “Me imagino las cosas así: el deseo consciente solo deviene excitador de un sueño si logra despertar otro deseo paralelo, inconsciente, mediante el cual se refuerza”[5]

La lectura de este interesante texto, gestado durante veinte años de estudio e investigación[6], me ha conducido a repensarlo desde nuestra disciplina psicoanalítica. Ante todo, me pregunto por la relación entre el funcionamiento neurofisiológico del cerebro y la experiencia psíquica en sus dominios. Freud se planteaba esta pregunta ya en 1915: “Los procesos fisiológicos no cesan en el momento en que comienzan los psíquicos; más bien, la cadena fisiológica continúa, solo que cada eslabón de ella (o algunos eslabones) empieza a corresponder, a partir de cierto momento, a un fenómeno psíquico. Lo psíquico es, por tanto, un proceso paralelo a lo fisiológico”[7] .

Strachey, en la Introducción al Proyecto de psicología, dice: “La tentativa de Freud … de aproximarse a una descripción de los fenómenos psíquicos en términos fisiológicos podría muy bien guardar semejanza con ciertos enfoques modernos del mismo problema”[8].

Cada hemisferio presta atención de un modo diferente; cada manera de prestar atención produce realidades diferentes, Con relación al hemisferio izquierdo, dice el autor: “es un sirviente fabuloso pero un pésimo señor” (p.38). Es más fiable que el derecho desde lo empíricamente comprobable pero carente de color.

Con relación a la forma en que llegamos al conocimiento, el autor dice algo muy importante y revelador: “El modelo que elegimos para entender algo determina lo que encontramos” (p.235).

Entonces me pregunto:  ¿Cómo presto atención, por ejemplo, en una entrevista con unos padres o en una sesión con un niño o adolescente? ¿Soy capaz de una escucha abierta o es que mi hemisferio izquierdo, el Emisario me bloquea, me adhiere a lo sabido y entonces prejuzgo o recurro a la teoría, a lo ya conocido? ¿Cómo ser capaz de escuchar globalmente, Maestro mediante, para luego dejar trabajar al Emisario y con lo que éste nos devuelva, abrir puertas a lo nuevo?

Como conclusión del libro el autor plantea su preocupación por el estado de conflicto actual respecto al funcionamiento entre los hemisferios; plantea su preocupación de que hoy en día en la cultura occidental, el hemisferio izquierdo haya bloqueado la capacidad del derecho para comprender la realidad y trae a colación afirmaciones del psiquiatra inglés Wogan del siglo XIX, que debemos de tener dos cerebros y la enfermedad mental aparece cuando entran en conflicto.

La tesis que plantea McGilchrist es la siguiente: “para nosotros, como seres humanos, hay dos realidades esencialmente opuestas, dos formas distintas de experiencia; que cada una de ellas tiene una importancia superlativa para generar el mundo que reconocemos como humano; y que la diferencia entre ambas se fundamenta en la estructura hemisférica del cerebro” (p.43).

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* “El maestro y su emisario. El cerebro dividido y la conformación del mundo occidental” de Iain McGilchrist (2025) Ed. Capitán Swing Libros

**Sobre la autora de la reseña:  

Susana Kahane es Psicoanalista; Associate to the Institute of Education, University of London; Psico­terapeuta reconocida por FEAP; Exdocente y Miembro asociado de  AECPNA; Coautora de El quehacer con los padres, HG Editores, Madrid, 2010.


[1] Freud, S., 1939, Moisés y la religión monoteísta, Amorrortu, T.XXIII, p.  93.

[2] Freud, S., 1888, Prólogo a la traducción de H. Berenheim. Amorrortu, T.I, p.90.

[3] Freud, S., 1891, La concepción de las afasias (estudio crítico). En: Obras completas, T.I, p.234.

[4] Freud, S., 1900, La interpretación de los sueños, Amorrortu, T, p.535.

[5] Freud, S., 1900, La interpretación de los sueños, Amorrortu, TV, p. 545.

[6] Contiene una bibliografía de 170 páginas.

[7] Freud. S., 1915, Lo inconsciente. Apéndice B. Amorrortu, T. XIV, p.205.

[8] Strachey, J., 1950. Introducción al Proyecto de psicología, Amorrortu, T, p.335.  

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